La radiación solar es la energía que emite el Sol y que llega a la Tierra. Esta energía es fundamental para la vida, ya que impulsa la fotosíntesis, regula la temperatura del planeta, genera viento y clima, y es la base de muchas tecnologías de energía renovable.
Origen de la radiación solar
En el núcleo del Sol se producen reacciones nucleares de fusión, donde átomos de hidrógeno se combinan para formar helio, liberando grandes cantidades de energía. Esta energía se transforma en radiación electromagnética, que se propaga por el espacio a la velocidad de la luz (aproximadamente 299.792 km/s).
Un valor clave para medir la radiación solar es la constante solar, que indica la energía recibida por unidad de superficie en la parte externa de la atmósfera terrestre, en un plano perpendicular a los rayos solares. Su valor medio es 1366 W/m².
Tipos de radiaciones solares
La radiación solar no es uniforme y se distribuye en varios tipos principales:
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Rayos infrarrojos (IR): representan aproximadamente el 49% de la radiación total y son responsables del calor que sentimos del Sol.
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Luz visible (VI): aproximadamente el 43%, responsable de la luz que percibimos y que permite la visión humana.
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Radiación ultravioleta (UV): alrededor del 7%, que tiene efectos importantes en la salud y en los procesos biológicos.
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Otros tipos de radiación: menos del 1%, incluyendo rayos X y radiación gamma en cantidades muy pequeñas.
Subtipos de radiación ultravioleta
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UVA (315–400 nm): atraviesa fácilmente la atmósfera y llega a toda la superficie terrestre. Puede provocar envejecimiento prematuro de la piel, daño ocular y debilitar el sistema inmunitario.
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UVB (280–315 nm): longitud de onda más corta, parcialmente absorbida por la atmósfera. Es más intensa en la zona ecuatorial y puede causar quemaduras solares, oscurecimiento de la piel y cáncer de piel.
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UVC (100–280 nm): no llega a la superficie terrestre porque es absorbida por la capa de ozono. Se utiliza de forma controlada en medicina para desinfectar o tratar ciertas enfermedades de la piel, como psoriasis o vitiligo.
Espectro y características físicas
La radiación solar tiene un espectro amplio, similar al de un cuerpo negro, lo que significa que la energía se distribuye a lo largo de varias longitudes de onda, sin concentrarse en una sola.
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El máximo de radiación se encuentra en la banda de la luz visible, con un pico alrededor de los 500 nm, que corresponde al color verde-cian.
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La radiación fotosintéticamente activa (PAR), utilizada por las plantas para la fotosíntesis, oscila entre 400 y 700 nm, representando aproximadamente el 41% de la radiación total.
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Azul-violeta: 400–490 nm
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Verde: 490–560 nm
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Amarillo: 560–590 nm
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Rojo-anaranjado: 590–700 nm
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La influencia de la atmósfera terrestre
La atmósfera actúa como un filtro natural, modulando la radiación que llega a la superficie terrestre:
- Absorción: la capa de ozono bloquea la mayor parte de la radiación UVC y parte de la UVB.
- Reflexión y dispersión: las nubes, el vapor de agua, el dióxido de carbono y partículas en suspensión reflejan o difunden la luz, generando radiación difusa.
- Refracción: cambia ligeramente la dirección de los rayos solares, afectando el ángulo de incidencia y la intensidad.
Estos fenómenos determinan la cantidad de radiación directa y difusa que llega a distintos puntos de la Tierra.
Importancia de la radiación solar
La radiación solar es la principal fuente de energía de nuestro planeta y tiene múltiples funciones:

- Fotosíntesis: las plantas transforman la energía solar en energía química, base de la cadena alimentaria.
- Clima y viento: el calor del Sol genera corrientes de aire y océanos que regulan el clima global.
- Energía renovable: mediante tecnologías como paneles fotovoltaicos, sistemas termosolares e híbridos, podemos aprovechar esta energía de forma sostenible.
La cantidad de energía solar que llega a la superficie terrestre es miles de veces mayor que la consumida actualmente por toda la humanidad, mostrando un enorme potencial para cubrir nuestras necesidades energéticas.
Efectos sobre la salud
La radiación ultravioleta puede tener varios efectos en la piel de los seres humanos dependiendo de su intensidad y la longitud de sus ondas.
La radiación UVA puede causar envejecimiento prematuro de la piel y cáncer de piel. También puede causar problemas en los ojos y el sistema inmunitario.
La radiación UVB causa quemaduras de sol, oscurecimiento y engrosamiento de la capa exterior de la piel, y melanoma y otros tipos de cáncer de piel. También puede causar problemas en los ojos y el sistema inmunitario.
La capa de ozono impide que la mayor parte de la radiación UVC llegue a la Tierra. En el campo de la medicina, la radiación UVC también puede surgir de lámparas especiales o de un rayo láser y se usa para eliminar gérmenes o para ayudar a cicatrizar heridas. Asimismo, se usa para tratar ciertas afecciones de la piel como la psoriasis, el vitiligo y los nódulos en la piel que causan el linfoma cutáneo de células T.